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Vocabulario Serradillano

CONGRESO INTERNACIONAL APLEx 2004

Patrimonio Lingüístico Extremeño
Cáceres. 4, 5 y 6 de noviembre

Ponencia que presenta José María Real Antón en representación de Serradilla.

Dialectología popular serradillana
(Aproximación a la historia y a la forma de hablar de un pueblo)

1. Introducción
Buenos días:
Una vez más, hemos sido convocados para tratar un tema que nos preocupa, al menos a quienes participamos en estos actos, como es el estudio, la conservación y divulgación del extremeño o habla de Extremadura. En esta ocasión es a Aplex a quien debemos esta comparecencia que tiene por objeto, creo yo, conseguir arrojar entre todos, algunas luces nuevas sobre el habla de nuestra tierra, el de nuestros antepasados, el habla de todos nosotros, ese habla centenaria que fue, en otros tiempos, tan escarnecida y que no queremos dejar que se pierda en el olvido, precisamente, por formar parte importante del Patrimonio Lingüístico Extremeño, como muy bien rezan las siglas de esta nueva asociación. Por ello, a quienes se esfuerzan en mantener viva la llama de este fuego intelectual que supone la conservación y difusión de nuestra habla, quisiera expresarles, una vez más, mi sincera gratitud y felicitación.

2. Filología y dialectología extremeñas
Posiblemente, los interesados en este tema del habla de nuestra tierra, en todas sus formas y modalidades, nos hemos documentado en las mismas o en similares fuentes, entre las cuales no es posible renunciar a las obras de los más destacados académicos, como son la “Historia de la Lengua Española” de Rafael Lapesa, los “Textos Hispánicos Dialectales” de Manuel Alvar, la “Dialectología Española” de Alonso Zamora, “El Dialecto Leonés”, de Ramón Menéndez Pidal, los “Arcaismos dialectales” de Aurelio María Espinosa, hijo, además del Diccionario Extremeño de Antonio Viudas Camarasa. Hemos leído también, “Los Diez Años de Poesía “Ruta de la Plata” de Rafael García-Plata de Osma, la Primera Gramática Extremeña, de Pablo Gonzálvez e hijas, e incluso los “Requilorios” de José María Alcón Olivera, además de excelentes artículos de prensa, entre los cuales destaco uno publicado en agosto de 1991 en el Diario Extremeño de Madrid titulado “Reflexiones en torno al dialecto extremeño” firmado por Luis Martínez Terrón, así como numerosos ensayos y vocabularios de diversos pueblos de nuestro entorno geográfico, además de los interesantes artículos sobre el tema que se incluyen en las páginas de la Revista de Estudios Extremeños, entre otras muchas lecturas de autores como Felipe Trigo, Fernando Flores del Manzano, etc. etc.

Es tanto lo que ya se ha escrito y publicado, y es tanto lo que ya se ha dicho acerca del habla de nuestra tierra, especialmente desde principios del siglo XX con la publicación de las poesías extremeñas de Gabriel y Galán, el Miajón de los cahtúos de Luis Chamizo y los Arcaísmos dialectales de Aurelio María Espinosa, todo ello y mucho más, actualmente corregido y aumentado a través de Internet, que uno llega a pensar si es posible que aún quede algo nuevo por decir acerca del habla de nuestra tierra. Pero, enseguida, recapitulando, pienso que, efectivamente, existen todavía muchas cosas por decir, especialmente las que se derivan de nuestras propias vivencias personales, las de cada uno de nosotros y de las cuales somos los únicos sabedores. De esto hablaré más adelante.

Pues bien: todos estos conocimientos, que es posible obtener a través de las publicaciones reseñadas y otros muchos derivados de las aportaciones, reflexiones e ideas concebidas por cada uno de nosotros y de todos aquellos que quieran aportar su grano de arena en el campo dialectal extremeño, deberían servir para que, de una vez por todas, llegásemos a ser capaces de FIJAR, LIMPIAR Y DAR ESPLENDOR al habla de nuestra tierra.

3. Lengua y dialecto:
Observo con cierta perplejidad que casi todos los actos celebrados últimamente sobre este tema, se refieren al “extremeño o habla de Extremadura”, lo cual es correcto. Pero, yo me pregunto ¿es que existe algún impedimento de carácter lingüístico que desconozcamos, al menos yo, para afirmar que este es un congreso sobre el dialecto extremeño”?. Si es así, me gustaría que alguien me lo explicara porque, según algunos textos consultados, dialecto es, en su acepción más general, cada una de las distintas modalidades o formas de una lengua. Para otros, es todo conjunto de variantes gramaticales de una lengua cualquiera, que no afecte a las radicales y en especial a las de los nombres y los verbos, por ser estas dos partes de la oración las que determinan, principalmente, los elementos integrantes de toda lengua. Para algunos filólogos, el dialecto constituye la forma natural, elemental, espontánea del lenguaje, mientras que la lengua es su expresión artificial, el producto del estudio y la forma de hablar de las personas dotadas de cierta cultura. El dialecto es, por tanto, una variedad local o regional de un idioma que puede llegar a constituirse en lengua o no, dependiendo de su evolución o desarrollo en el tiempo.

En la amplia y detallada introducción que el profesor Viudas Camarasa hace en su Diccionario, en el capítulo dedicado al dialecto extremeño dice, entre otras cosas: “Bien es verdad que el extremeño, por su situación geográfica e histórica, es un habla de transición, pero desde una perspectiva estructural y regional, podemos incluirlo en las hablas del dialecto leonés, del que participa en múltiples rasgos y considerar que tiene las notas suficientes que lo diferencian de otras hablas, como por ejemplo del asturiano; y por consiguiente, que reúne los requisitos necesarios para denominarlo dialecto”. Pues bien: si una autoridad como la suya, indiscutible en la materia, nos hace esta fundada reflexión, porqué no decir sin ambages ni complejos: hoy celebramos el Congreso Internacional para el Estudio y Divulgación del Dialecto Extremeño.

4. Origen de las lenguas y los dialectos
Dicen los libros de texto que en el mundo se hablan cerca de 5.000 lenguas diferentes de las llamadas oficiales, y que si incluyésemos los múltiples dialectos que existen en todas partes de la geografía universal, esta cifra podría multiplicarse por 10 ó tal vez por más. Sólo en España se conocen casi veinte formas de hablar, o variedades lingüísticas, más o menos significativas. También se dice que más del 60 % de las lenguas o idiomas hablados en todo el mundo, corren peligro de desaparecer.

Y es que, la variedad o la diversidad, es la tendencia natural del lenguaje. Puede decirse que, no sólo cada pueblo y cada familia tiene su propia lengua, sino hasta cada individuo. El estudio comparativo de las diversas formas de hablar, ha demostrado que los cambios fonéticos se producen con evidente regularidad dentro de límites determinados de lugar y de tiempo. Si recorriésemos cada uno de los más de 350 pueblos de nuestra provincia de Cáceres, veríamos cómo la variedad de vocablos, pronunciamientos o significados, son de lo más diversos. Y es que, uno de los fenómenos producidos a lo largo de la historia en los dialectos, ha sido y es, su continua transformación o variación. Sin embargo, como dice poéticamente el escritor Víctor Córcova en un artículo de prensa reciente “lo importante de todos los lenguajes, al fin y al cabo, radica en la coherencia entre lo que sienten los labios del alma y lo que escribe la mirada”.

Lejos están ya los tiempos en que se nos decía que el vasco, el catalán y el gallego, eran simples dialectos para no confundirlos con la lengua oficial. Hoy sabemos que el castellano, el catalán y el gallego fueron dialectos del latín que se constituyeron en lenguas. Sin embargo, el andaluz o el extremeño, son actualmente dialectos del castellano. Aunque es sabido por todos, conviene recordar que el extremeño es un dialecto del castellano que comparte algunos rasgos del leonés y del andaluz, según las zonas. En la Alta Extremadura, este parentesco del extremeño con el leonés se debe, como también es sabido, a que la ocupación de estas tierras la realizaron caballeros leoneses y castellanos en el siglo XIII.

5. Idiolecto extremeño
La libertad de expresión de cada persona se halla limitada en la familia por las otras personas que la componen. En cada familia se forma un lenguaje propio, el cual tiene ciertas palabras y expresiones que se suprimen al comunicarse con individuos de otras familias, y así se van constituyendo maneras de hablar que vienen a ser los dialectos. Las nuevas generaciones inventan palabras y expresiones nuevas. Nosotros mismos, en reuniones familiares e íntimas, no hablamos de igual manera que cuando tenemos que hablar en público: privadamente, utilizamos, por norma general, el dialecto; públicamente, la lengua oficial. La forma de expresión dialéctica de cada cual, nos revela estilos diferentes y sensaciones distintas en cada persona. Así ocurre que, dentro de una misma comunidad, surgen a veces determinados individuos que emplean expresiones o hábitos diferentes en su forma de hablar que no son compartidos por los demás miembros de esa comunidad. A esa variedad, en cuanto a la forma dialéctica individual de una persona en particular, es a lo que llamamos IDIOLECTO, una modalidad lingüística poco representativa, aunque digna de un estudio morfológico, e incluso sociológico más detallado, especialmente en determinadas zonas de la Alta Extremadura.

Por otro lado, quisiera hacer una breve referencia al vocablo cahtúo, con el que algunos, no nacidos en Extremadura, pretenden identificar, no sólo al habla extremeña, sino a todos los nacidos en nuestra tierra. Yo, personalmente, renuncio a que el habla de mi pueblo se identifique con esta voz, derivada, según la Real Academia de casta, ascendencia o linaje, como “mantenedor de la casta de labradores que cultivaron por sí mismos sus propias tierras”.


“Qu’ehtoh ombreh son loh machoh d’una raza
de cahtúoh labraoreh ehtremeñoh
que, ihnoranteh de lah cenciah de loh sabioh,
lah hondurah de otrah cenciah dehcurrieron
cabilandu trah lah yuntah
en la pah de loh barbechoh”. (Consejos del tío Perico)

Humildemente me atrevo a pensar que ese gran escritor y poeta que fue, y seguirá siéndolo en el recuerdo de todos los extremeños, Luis Chamizo Triguero, jamás llegaría a imaginar y menos pretender que su innovador vocablo llegase a ser la definición por excelencia del habla o de las gentes de Extremadura. Pienso también que, posiblemente otros, por no saber cómo definir nuestro dialecto y debido al éxito obtenido por Chamizo en 1921 con la publicación de su libro, emplearon este vocablo para identificar de alguna manera nuestra forma de hablar.

6. Orígenes del habla serradillana y dialectología popular
Dicho lo anterior, voy a entrar en materia en lo que al título de mi intervención se refiere, es decir a la Dialectología Popular Serradillana, a través de esas vivencias personales a las que al principio me referí. Vivencias de contenido más humano, menos tecnicista, y más cercano al ciudadano de a pié, en el que cuentan sus sentimientos, sus tradiciones, su vida sencilla en general.

La manera práctica de expresar oralmente nuestro dialecto, la hemos estudiado los extremeños en la escuela de la vida, la que desde que nacimos hemos mamado y aprendido de nuestros padres, nuestras familias, nuestros amigos, de nuestra gente. Esta experiencia vital es la que nos da a todos, el sello de autenticidad al expresarnos en nuestro dialecto y especialmente, permítanme, a quienes nacimos en pueblos de tan acusada e intensa trayectoria dialéctica. Hemos podido comprobar en numerosas ocasiones, cómo otros, no nativos, han pretendido emular el habla de Serradilla, por ejemplo con la palabra cabeza, cuya b, bilabial, oclusiva y sonora, es muy significativa en su pronunciación, pero que los imitadores resaltan exageradamente pronunciando cambeza, y culminando en un clamoroso ridículo fonético.

En este sentido, quisiera contarles a todos ustedes cuales fueron los orígenes de mi atracción por el tema de nuestra forma de hablar en Serradilla. Comenzó este interés hace ya 40 años, concretamente, en 1964, siendo yo un joven estudiante de bachillerato. Un año antes, mis padres, a la muerte de un familiar, se hicieron cargo de un pequeño bar en Serradilla, y esta fue mi segunda escuela dialéctica. Al ser un bar reducido, con una clientela muy especial, formada por hombres mayores, algunos octogenarios, como el entonces Juez de Paz, para quienes su única diversión consistía en conversar durante un par de horas con amigos o paisanos, frente a un vaso de vino, al calor del brasero de picón en las largas noches de invierno, entablándose entre ellos interesantes tertulias, a veces alegres y animadas, y acaloradas e incluso enfrentadas otras, referentes siempre a temas muy dispares y de poca enjundia la mayoría de las veces.

Yo les escuchaba, entre indiferente y perplejo por las palabras tan inusuales y desconocidas que a veces profería alguno de los más viejos. Palabras que, siendo yo del mismo pueblo que ellos, nunca había oído antes. Tiempo después, dándome cuenta de que no se trataba de expresiones puramente casuales u ocasionales, sino que habían otras muchas que cada día me sorprendían y me llamaban la atención, decidí anotar en una libreta, que aún conservo, todos aquellos vocablos que no conociese y hacer un pequeño vocabulario, tal vez para sorprender a algunos amigos estudiantes como yo. Recuerdo que las primeras palabras anotadas en aquella libreta de pastas negras de hule, fueron: machimorreal, machimorreu, machimorru, la henara y angulema. Hoy, el Diccionario Serradillano define al machimorru, en su primera acepción, como una persona adicta al machimorreu, es decir, a tener trato o vida social, manteniendo una charla o conversación amistosa e intranscendente, por lo general en lugares públicos. Esto era lo que hacían aquellos hombres en esos momentos de tertulia: machimorrear. Sin embargo, otra acepción define al machimorru, como persona tosca, tozuda y cabezota.

En cambio, la palabra henara, se refiere a la propia novia o esposa, hoy amiga o pareja sentimental. No es palabra despectiva. Boy al cini con la mi henara, dicho incluso con cierto matiz orgulloso. Por último, angulemah son zalamerías, pretextos, tonterías, enredos. Déhami de angulemah o, no me bengah con angulemah. Se atribuye esta palabra en alusión al Duque de Angulema y a su venida a España al frente de los Cien Mil hijos de San Luis, para ayudar a los absolutistas, volviéndose luego contra ellos, pasándose a las filas liberales. Con estas frases se quiere indicar las contradicciones, engaños o enredos en que incurren algunas personas. Así podría continuar con otras muchas de aquellas primeras palabras anotadas en mi libreta de pastas negras de hule.

Pero, volviendo al relato diré que, en aproximadamente tres años anotando palabras desconocidas o de significado dudoso para mí, llegué a conseguir casi doscientas, las cuales yo consideraba que eran muchas. Con ellas, les confieso con cierta timidez, no exenta de pudor, escribí algunas, no muy afortunadas frases de amor propias de la edad, pero dirigidas a quien, al parecer, no supo interpretarlas o no compartía el entusiasmo casi espiritual que yo sentía y como indudablemente era mi sana intención. Ante este y otros fracasados intentos de demostrar la pureza y la riqueza expresiva de nuestro antiquísimo dialecto en el entorno familiar y de amistades, así como a la falta de interés y casi de desprecio de la mayoría con quienes trataba este tema, comprendí que lo mejor para mí era olvidarme de pretender dar lecciones a nadie de filología o dialectología serradillana, decidiendo continuar con el tema, eso sí, pero con humildad y casi en secreto, sin comentarios ni pretensiones que fueran más allá de mis límites y capacidades intelectuales.

Y así pasaron unos años, aumentando mis apuntes, con la esperanza de que algún día servirían para algo más que para hacer chascarrillos sobre lo mal que hablamos los serradillanos o de la vergüenza que nos producía cuando, en presencia de personas, más o menos intelectuales o naturales de otras bienhabladas regiones, se nos escapaba alguna de nuestras “rudas”, “palurdas” o ignorantes palabras, porque, con ellas, éramos catalogados como tales.

7. Serradilla y el Diccionario de la Real Academia de la Lengua
Una vez terminados mis estudios de Magisterio, en mis clases de prácticas pedagógicas en el Colegio Público “Ángel Rodríguez Álvarez” de Serradilla, tuve el honor de tratar con quienes, unos años antes, habían sido mis propios maestros durante la Enseñanza Primaria. Hombres inteligentes, cultos y preocupados, como nosotros, por esto mismo de lo que estamos tratando aquí y ahora: nuestra habla o nuestra forma de hablar. En este sentido, supe que uno de aquellos maestros, D. Luis Sánchez Rodrigo, había coleccionado una serie de, aproximadamente, mil palabras de “arraigadas raíces serradillanas”, decía él. Pero, el caso es que el señor Sánchez Rodrigo, tuvo la genial idea de enviar, a principios de la década de los años cincuenta, esta colección de palabras a la Real Academia Española de la Lengua, obteniendo, en poco tiempo, una respuesta positiva y satisfactoria a su interés, siendo recompensado o gratificado con una cantidad de dinero en metálico, muy jugosa por cierto, en aquellos tiempos, ya que muchas de aquellas palabras serían incorporadas en sucesivas ediciones al Diccionario de la RAE. Pero es que, además, muchos años antes, el padre de este maestro, D. Agustín Sánchez Rodrigo, conocido en Extremadura por ser el editor del método de lectura y escritura RAYAS y el director del periódico El Cronista durante 17 años, mantuvo fluida correspondencia con D. Ramón Menéndez Pidal, enviándole palabras serradillanas que el gran filólogo incorporó al Diccionario de la Real Academia.

Estas noticias, me devolvieron la ilusión y el interés por los dichos o tal vez dicharachos de mi pueblo; ilusión e interés que, si no estaban perdidos, al menos sí un poco degradados. Supe entonces que Serradilla, mi pueblo, es copartícipe del Diccionario de la Lengua que nos une a todos los españoles de bien, lo cual me llenó, una vez más, de orgullo y satisfacción serradillanos.

Fue a uno de aquellos maestros a quien escuché por primera vez una anécdota muy conocida hoy por todos los serradillanos, pero que muchos de ustedes tal vez no conozcan, por lo que quisiera contársela. Una criada, hoy empleada de hogar en una de las muchas casas de familias ricas de entonces en este pueblo, decía a otra compañera, queriéndole corregir al oirla hablar:
-¿Sabih lo que idi el ama? –No, ¿qué idi?. – Idi el ama que no se idi, idi. -¿Poh cómu se idi?. – Ella idi que se idi, DICE.

8. La emigración y el habla popular
Pasaron varios años y, como tantos otros extremeños, emigré a otras tierras, aterrizando en la capital de España, para trabajar como maestro interino en un colegio hasta que se convocasen las oposiciones. Durante mi estancia en Madrid, siempre viví en casa de serradillanos, o mejor dicho: de una señora serradillana, viuda, de avanzada edad, que fue, otra fuente de inspiración para mis apuntes, por lo que mi contacto con el habla de mi pueblo continuó presente en cada instante de mi vida.

No se me olvidarán aquellos primeros domingos de mes en que, numerosos serradillanos residentes ya en la capital de España, nos reuníamos en el templo de San Millán y San Cayetano, en la calle de Embajadores, en pleno rastro de Madrid, donde reside la Hermandad Extremeña del Cristo de Serradilla, en cuyas charlas, llenas de recuerdos y emociones hacia la patria chica, se exhibía el más puro y rudimentario dialecto serradillano, como si quisiéramos descargar entre nosotros, toda la emoción dialéctica retenida en nuestro ser durante el tiempo en que nos encontrábamos, por razones sociales o de trabajo, con gente que no era de nuestra estirpe y raigambre extremeña.

Estos domingos de primeros de mes, fueron un acicate más de emoción y cultura dialectal. Todo giraba, prácticamente, en torno al habla serradillana, de la que, en determinados momentos, hubiésemos querido renunciar para siempre. Sin embargo, otras veces, en momentos íntimos o de reuniones en lugares tan emblemáticos como los Hogares Extremeños o Casas Regionales de Madrid, Móstoles, Alcorcón, Leganés, Getafe, Alcalá de Henares, Fuenlabrada, etc. a los que hemos visitado con cierta frecuencia, nos servía de vínculo de unión y de amistad con otros paisanos de diferentes puntos de nuestra geografía extremeña, pero comprometidos y entregados, como tantos otros, en la defensa de nuestros valores extremeños. ¡Con qué emoción se vive la extremeñidad en estos centros! ¡Hay que vivirlo para saberlo!

9. Etimología y origen del habla de Serradilla
Como norma general, en el dialecto serradillano se observa una clara tendencia de leonesismo, especialmente en el cierre sistemático de las vocales O > U, E > I, como hormadu, turrumberu, ehpuliqui o achiperri; en el cambio de la “r” final de los infinitivos en “l”, como cantal, sabel o dormil, en la desaparición de la “d” intervocálica, como caena, caera o co (por codo), o en la aspiración de la h en todas sus formas y modalidades, como humentu, harina, hanega, huenti o haramagu, además de los famosos cambios de grupos consonánticos, como bimbri mimbre), cuairil (cuadril), lambel (lamer), y tantos otros que continuamente se nos ponen de ejemplo en casi todos los tratados dialectales extremeños, o en los numerosos diminutivos en inu o ininu, como cachinu y cachininu, o poquinu y poquininu, chiquinu y chiquininu y otros muchos.

Entre las diferentes leyes de la fonética que anuncian regularidades en los cambios de pronunciación, tal vez sea la “del menor esfuerzo” o tendencia a economizar el lenguaje, que relaja, desgasta o pierde sonidos, la que con mayor claridad pueda aplicarse al habla de Serradilla, aunque sin desdeñar otros casos de otras leyes, como la del “énfasis”, “analogía”, “imitación” e incluso los numerosos vicios lingüísticos o fenómenos fonéticos por adición o inducción que todos conocemos, tales como la “prótesis”, la “aféresis”, la “epéntesis”, la “metátesis” o el “pleonasmo”, que tanto nos identifican en nuestra forma de hablar y que son aplicables todos al habla de Serradilla, como sin duda lo es también el “idiotismo”, o expresión propia de una lengua, a pesar de ser contraria a las reglas gramaticales.

No es de extrañar, por tanto, que algunos serradillanos, como el maestro José María Vecino se preguntara, hace casi un siglo, en el periódico El Cronista de Serradilla, en un artículo titulado Divagaciones filológicas, del que ya hice una brevísima referencia en el congreso de Calzadilla y del que hoy expongo nuevos conceptos por creerlo interesante, sobre nuestra forma de hablar.

¿Por qué se habla en Serradilla como se habla? Es una larga y compleja cuestión. El léxico de un pueblo es un producto inmediatamente derivado de su etnografía, de su historia y de su geografía. En Serradilla se habla así, porque la historia y la geografía de Serradilla así se lo impusieron.
Tengamos en cuenta que este pueblo ha sido un retazo de tierra perfectamente aislado del resto de Extremadura. El ángulo que forman la sierra y el río, con el vértice en la Portilla (de Monfragüe), encierra en su seno al pueblo: y este ángulo está formado por lados intransitables. (Sierra de Santa Catalina- Sierra de Peña Falcón y el río Tajo).
La abertura de este ángulo está cortada -ya lejos de Serradilla- por la antigua Vía de la Plata, cauce por el que discurrieron todas las civilizaciones de la Península. Pero la topografía especial de Serradilla impidió que las corrientes civilizadoras llegasen con regularidad hasta nuestro pueblo, que quedaba allá, hacia el Oriente, aislado entre fragosas sierras y formidables barrancos que se hunden hacia el río...
Este aislamiento ha ido formando una psicología especial en este pueblo: el habla, las costumbres, los vestidos. Por causas de las dificultades para las comunicaciones, todos los grandes movimientos llegaban a Serradilla con un retraso lamentable; y como los pequeños movimientos no llegaban jamás, de ahí que en Serradilla subsistan, desgraciadamente cada vez menos, costumbres, expresiones e indumentos de hace muchísimos años.
Ahora bien: ¿Cómo llegó a Serradilla la influencia gallega para depositar en este pueblo unas cuantas palabras de arraigado "enyebrismo", de pura cepa gallega? ¿Llegó esa influencia directamente del Norte, o fue transmitida por intermedio de los portugueses?
Pudo ser de cualquiera de los dos medios. Nadie ignora que en tiempos del Rey Sabio (1.221-1.284), el galaico era la lengua más extendida en todo el Oeste de la Península, era la lengua de las trovas y de toda expresión poética y delicada.
No sería raro que a Serradilla llegaran y que en Serradilla -por causa del aislamiento señalado-, subsistieran hasta hoy muchas palabras de aquella habla tan antigua y tan dulce.
Por otra parte, nadie ignora tampoco que la influencia de los portugueses se infiltró -hasta la segunda mitad del siglo XIX- en Serradilla por mediación de los contrabandistas, los eternos trotaveredas, que buscan las reconditeces y los recovecos más olvidados para seguridad de sus personas y sus "negocios". ¿Serían los contrabandistas los que, traficando con sedas, especias y paños, depositaron en este pueblo estas palabras del idioma gallego?.
Se podría argüir que en todos los pueblos de los alrededores de Serradilla dejarían también las mismas huellas lingüísticas. Es cierto; pero los demás pueblos, por no estar aislados, olvidarían los viejos vocablos al contacto de palabras nuevas. Mas, Serradilla, no.

Algunas de esas palabras empleadas en mi pueblo y que, según el maestro parecen ser originarias del gallego, son las siguientes:

PINGURUTU o PIRINGUTU: m. Montículo que termina en pico. 2. Montón de tierra, arena u otros materiales apilados en forma de montículo, y por ext. todo lo que termina en forma parecida a un cono o a una pirámide. (RAE: pingorota o pingorote).
PINGOLLA: f. Parte más alta de un árbol, o puntas extremas de las ramas. Subí casi ahta la pingolla del árbul.
Además de otras muchas como “casiqué”, “al renti”, “belaí”, “gañoti”, “probi”, “pihoteru”, “rachau”, “rollu”, etc. cuyas definiciones harían demasiado extensa mi intervención.

10. Poesía popular serradillana
Por otra parte, sabido es también que Serradilla ha sido y es, un pueblo de excelentes poetas, como ya he dado a conocer en otra ocasión. Nombres como Manuel Fernández (canónigo en Guayaquil), Bernardino Sánchez (abogado y vicepresidente de la Diputación de Cáceres), Miguel Mateos (juez de Plasencia), Celestino Vega (médico en D. Benito) y otros muchos, así lo acreditan con sus trabajos. Sin embargo, no todos los poetas de este pueblo han escrito sus poesías en dialecto serradillano. Únicamente, José María Vecino y Gonzalo Alonso, han sabido plasmar el sentimiento y los anhelos de la gente del pueblo, en sus bellas y sentidas poesías plagadas, a veces, de palabras rudas, desafiantes y despectivas, pero delicadas, tiernas y cadenciosas otras. De ello quisiera hablarles brevemente, porque, en mi opinión, no se concibe una lengua o un dialecto sin poesía.

Con nuestro dialecto, extremeño o serradillano, es posible expresar los más íntimos sentimientos con palabras que nada tienen que envidiar a otras lenguas o culturas, como ya demostraran ampliamente Galán y Chamizo. Con nuestras palabras, no sólo podemos cantar al amor o al desamor, a nuestras tradiciones, a nuestros paisajes, a nuestras costumbres, sino que, además, con ellas le damos un sentido más romántico, más tierno, más sentimental, más dulce y también, a veces, más trágico. Veamos un ejemplo de lo que decimos, a través de una bella poesía amorosa de José María Vecino titulada “Me dejas”. Dice así.
Me dehah...

Poquinu a poquinu
sin motibu me dehah, me dehah...

Cuandu bengu de nochi a la ronda,
cassi nunca t’encuentru contenta;
si te palru dehechu en quererih,
tú m’ehcuchah sin pihca e fiheda,
y eh lo mehmu que si ablu del tiempu
o de cossah que no te interesan...
Me tieni aturdíu
esi ceñu qu’el alma me hiela...

Pol lah nochih, tendíu en la cama,
de continu rebacu en la idea
de qu’algún otru mozu te guhti,
de qu’algún otru mozu te quiera.

Yo bien sé lo que palra la henti,
y barruntu que a tí no te dehan
d’atontal los oíuh con mentirah
y enreuh de biehah...
¡Que me digan a mí, en la mí cara,
toah esah leyendah!
¡Que me diga a mí sólu esah cossah
el que lah imbenta...!
Peru nunca s’atrebi el que mienti
a palral altu y claru y con fuerza,
que s’ehponi a que un puñu l’ehcachi
toítah lah muelah...

¡Ni a soñal que me ubiera yo echau,
en hamáh esu en ti lo creyera...!
Peru mira, te dig’una cossa:
si acasu tubierah
de mi algún recelu,
una pihca e motibu siquiera,
si acassu ehconfíah,
si acassu creyerah
qu’algún día tendríah sinsaborih
bibiendu conmigu...¡m’abientah...!

¡Ahora mehmitu,
aunque muertu, me marchu p’ahuera!
Pa que bibah contenta y dichossa,
soy capáh de metelmi en la sierra
y allí, entre loh canchuh,
yo solitu lloral lah mih penah
y pasalmi la bía com’ún lobu
sin que ohuh de naidi me bean...

Dimi ¡Baiti aora mehmu!, y me marchu,
o aora mehmu me idih ¡te queah...!
Que me tieni aturdíu y atontau
esi ceñu qu’el alma me hiela,
porque beu que, poquinu a poquinu,
sin motibu, me dehah... me dehah... (José María Vecino Martín)


11. Conclusión
Dicho lo anterior, quisiera terminar expresando un deseo que desde hace tiempo ocupa un destacado lugar en mi mente y aunque es posible que esta propuesta esté ya en marcha a través de otras mentes más autorizadas, no me resisto a exponer la mía: esta es, que hagamos todos el mayor esfuerzo intelectual para unificar, dentro de lo posible, el habla de nuestra tierra. Que estos actos, muy importantes y necesarios, no queden sólo en una exposición de opiniones, sino que sirvan para unificar esfuerzos y dar solución a la unificación de nuestro dialecto. Sé muy bien que no es tarea fácil, por las razones ya expuestas sobre la variedad y diversidad, tanto en el fondo como en la forma del habla de los diferentes pueblos de nuestra geografía, lo que tampoco debe ser obstáculo para realizar el proyecto del futuro y definitivo Diccionario Extremeño en el que se engloben, si no todos, la mayor parte de los vocablos y significados de los pueblos de Extremadura. Una vez sentadas las bases, sería mucho más fácil ir perfeccionando los conceptos, añadir nuevas acepciones o incluir nuevos vocablos, en sucesivas ediciones.

Quisiera recordar también, a manera de ejemplo o, si se quiere, de estímulo para todos nosotros que, hace 25 siglos, los griegos consiguieron unificar su lengua a partir de diversas variedades dialécticas, entre las cuales destacaron dialectos como: el eólico, el jónico, el dórico, el laconio, el beocio, el ático y otros, lo que se explica por la gran extensión del territorio donde Grecia ejercía sus dominios. Recordemos también que en esos dialectos escribieron sus maravillosas obras, tanto en prosa como en versos, autores como Homero, Hesíodo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, Platón, Demóstenes y Esquilo entre otros muchos. La unión de estos dialectos dio lugar a una sola lengua: el griego, la lengua clásica, culta y universal por excelencia.

Esta debería ser la hora, si no lo ha sido ya, de demostrar a todos y demostrarnos a nosotros mismos, que los muy cacareados versos de Sergio de Salas con los cuales, para nada nos identificamos los extremeños de nuestro tiempo, han quedado obsoletos y desfasados, pues el espíritu que hoy domina a los extremeños es el de la unidad, el de tomar partido en aquello que nos une en la defensa de nuestra cultura y nuestras tradiciones, como estamos demostrando aquí una vez más, ignorando toda clase de pereza intelectual para conseguir, entre todos, un desarrollo cultural más amplio para nuestra tierra en el campo dialectal.

Hagamos también nosotros nuestra propia Coiné o, como dice la Real Academia, nuestra lengua común basada en la reducción a unidad, más o menos artificial de ciertas variedades idiomáticas. Formemos entre todos una nueva Coiné, la Coiné extremeña, como la que formasen los griegos hace 25 siglos y que dio origen, como ya he dicho, a la más grande de las lenguas clásicas de la antigüedad y por ende, a la inigualable cultura griega.

Salvando todas las distancias y sin pretensiones que a algunos puedan parecer utópicas, la realidad es que, en mi opinión, no es un disparate pensar en recoger lo más sustancial y representativo de nuestro vocabulario, para conseguir, como ya dije, de una vez por todas, Limpiar, Fijar y dar Esplendor a nuestra habla. Ojalá que algún día podamos conocer el verdadero, el auténtico el genuino y definitivo Diccionario Extremeño, el de todos los pueblos de nuestra Comunidad, con sus diferencias y sus afinidades lingüísticas.

En este sentido, tengo el honor de anunciar que, Serradilla, mi pueblo, tiene ya hechos sus deberes, con la realización del Diccionario Serradillano.

ANTERIORES

ESCRITO EN SERRADILLANO

Conversación entre vecinas
Verónica Sánchez y Cristina Gómez
Extremeñas
Carlos Sánchez Mateos

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