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CONGRESO
INTERNACIONAL APLEx 2004
Patrimonio Lingüístico Extremeño
Cáceres. 4, 5 y 6 de noviembre
Ponencia
que presenta José María Real
Antón en representación de Serradilla.
Dialectología
popular serradillana
(Aproximación a la historia y a la forma de hablar de un
pueblo)
1.
Introducción
Buenos días:
Una vez más, hemos sido convocados para tratar un tema
que nos preocupa, al menos a quienes participamos en estos actos,
como es el estudio, la conservación y divulgación
del extremeño o habla de Extremadura. En esta ocasión
es a Aplex a quien debemos esta comparecencia
que tiene por objeto, creo yo, conseguir arrojar entre todos,
algunas luces nuevas sobre el habla de nuestra tierra, el de nuestros
antepasados, el habla de todos nosotros, ese habla centenaria
que fue, en otros tiempos, tan escarnecida y que no queremos dejar
que se pierda en el olvido, precisamente, por formar parte importante
del Patrimonio Lingüístico Extremeño, como
muy bien rezan las siglas de esta nueva asociación. Por
ello, a quienes se esfuerzan en mantener viva la llama de este
fuego intelectual que supone la conservación y difusión
de nuestra habla, quisiera expresarles, una vez más, mi
sincera gratitud y felicitación.
2.
Filología y dialectología extremeñas
Posiblemente, los interesados en este tema del habla de nuestra
tierra, en todas sus formas y modalidades, nos hemos documentado
en las mismas o en similares fuentes, entre las cuales no es posible
renunciar a las obras de los más destacados académicos,
como son la “Historia de la Lengua Española”
de Rafael Lapesa, los “Textos Hispánicos Dialectales”
de Manuel Alvar, la “Dialectología Española”
de Alonso Zamora, “El Dialecto Leonés”, de
Ramón Menéndez Pidal, los “Arcaismos dialectales”
de Aurelio María Espinosa, hijo, además del Diccionario
Extremeño de Antonio Viudas Camarasa. Hemos leído
también, “Los Diez Años de Poesía “Ruta
de la Plata” de Rafael García-Plata de Osma, la Primera
Gramática Extremeña, de Pablo Gonzálvez e
hijas, e incluso los “Requilorios” de José
María Alcón Olivera, además de excelentes
artículos de prensa, entre los cuales destaco uno publicado
en agosto de 1991 en el Diario Extremeño de Madrid titulado
“Reflexiones en torno al dialecto extremeño”
firmado por Luis Martínez Terrón, así como
numerosos ensayos y vocabularios de diversos pueblos de nuestro
entorno geográfico, además de los interesantes artículos
sobre el tema que se incluyen en las páginas de la Revista
de Estudios Extremeños, entre otras muchas lecturas de
autores como Felipe Trigo, Fernando Flores del Manzano, etc. etc.
Es tanto lo que ya se ha escrito y publicado, y es tanto lo que
ya se ha dicho acerca del habla de nuestra tierra, especialmente
desde principios del siglo XX con la publicación de las
poesías extremeñas de Gabriel y Galán, el
Miajón de los cahtúos de Luis Chamizo y los Arcaísmos
dialectales de Aurelio María Espinosa, todo ello y mucho
más, actualmente corregido y aumentado a través
de Internet, que uno llega a pensar si es posible que aún
quede algo nuevo por decir acerca del habla de nuestra tierra.
Pero, enseguida, recapitulando, pienso que, efectivamente, existen
todavía muchas cosas por decir, especialmente las que se
derivan de nuestras propias vivencias personales, las de cada
uno de nosotros y de las cuales somos los únicos sabedores.
De esto hablaré más adelante.
Pues bien: todos estos conocimientos, que es posible obtener a
través de las publicaciones reseñadas y otros muchos
derivados de las aportaciones, reflexiones e ideas concebidas
por cada uno de nosotros y de todos aquellos que quieran aportar
su grano de arena en el campo dialectal extremeño, deberían
servir para que, de una vez por todas, llegásemos a ser
capaces de FIJAR, LIMPIAR Y DAR ESPLENDOR al habla de nuestra
tierra.
3. Lengua y dialecto:
Observo con cierta perplejidad que casi todos los actos celebrados
últimamente sobre este tema, se refieren al “extremeño
o habla de Extremadura”, lo cual es correcto. Pero, yo me
pregunto ¿es que existe algún impedimento de carácter
lingüístico que desconozcamos, al menos yo, para afirmar
que este es un congreso sobre el dialecto extremeño”?.
Si es así, me gustaría que alguien me lo explicara
porque, según algunos textos consultados, dialecto es,
en su acepción más general, cada una de las distintas
modalidades o formas de una lengua. Para otros, es todo conjunto
de variantes gramaticales de una lengua cualquiera, que no afecte
a las radicales y en especial a las de los nombres y los verbos,
por ser estas dos partes de la oración las que determinan,
principalmente, los elementos integrantes de toda lengua. Para
algunos filólogos, el dialecto constituye la forma natural,
elemental, espontánea del lenguaje, mientras que la lengua
es su expresión artificial, el producto del estudio y la
forma de hablar de las personas dotadas de cierta cultura. El
dialecto es, por tanto, una variedad local o regional de un idioma
que puede llegar a constituirse en lengua o no, dependiendo de
su evolución o desarrollo en el tiempo.
En la amplia y detallada introducción que el profesor Viudas
Camarasa hace en su Diccionario, en el capítulo dedicado
al dialecto extremeño dice, entre otras cosas: “Bien
es verdad que el extremeño, por su situación geográfica
e histórica, es un habla de transición, pero desde
una perspectiva estructural y regional, podemos incluirlo en las
hablas del dialecto leonés, del que participa en múltiples
rasgos y considerar que tiene las notas suficientes que lo diferencian
de otras hablas, como por ejemplo del asturiano; y por consiguiente,
que reúne los requisitos necesarios para denominarlo dialecto”. Pues bien: si una autoridad como la suya, indiscutible en la materia,
nos hace esta fundada reflexión, porqué no decir
sin ambages ni complejos: hoy celebramos el Congreso Internacional
para el Estudio y Divulgación del Dialecto Extremeño.
4.
Origen de las lenguas y los dialectos
Dicen los libros de texto que en el mundo se hablan cerca de 5.000
lenguas diferentes de las llamadas oficiales, y que si incluyésemos
los múltiples dialectos que existen en todas partes de
la geografía universal, esta cifra podría multiplicarse
por 10 ó tal vez por más. Sólo en España
se conocen casi veinte formas de hablar, o variedades lingüísticas,
más o menos significativas. También se dice que
más del 60 % de las lenguas o idiomas hablados en todo
el mundo, corren peligro de desaparecer.
Y
es que, la variedad o la diversidad, es la tendencia natural del
lenguaje. Puede decirse que, no sólo cada pueblo y cada
familia tiene su propia lengua, sino hasta cada individuo. El
estudio comparativo de las diversas formas de hablar, ha demostrado
que los cambios fonéticos se producen con evidente regularidad
dentro de límites determinados de lugar y de tiempo. Si
recorriésemos cada uno de los más de 350 pueblos
de nuestra provincia de Cáceres, veríamos cómo
la variedad de vocablos, pronunciamientos o significados, son
de lo más diversos. Y es que, uno de los fenómenos
producidos a lo largo de la historia en los dialectos, ha sido
y es, su continua transformación o variación. Sin
embargo, como dice poéticamente el escritor Víctor
Córcova en un artículo de prensa reciente “lo
importante de todos los lenguajes, al fin y al cabo, radica en
la coherencia entre lo que sienten los labios del alma y lo que
escribe la mirada”.
Lejos
están ya los tiempos en que se nos decía que el
vasco, el catalán y el gallego, eran simples dialectos
para no confundirlos con la lengua oficial. Hoy sabemos que el
castellano, el catalán y el gallego fueron dialectos del
latín que se constituyeron en lenguas. Sin embargo, el
andaluz o el extremeño, son actualmente dialectos del castellano.
Aunque es sabido por todos, conviene recordar que el extremeño
es un dialecto del castellano que comparte algunos rasgos del
leonés y del andaluz, según las zonas. En la Alta
Extremadura, este parentesco del extremeño con el leonés
se debe, como también es sabido, a que la ocupación
de estas tierras la realizaron caballeros leoneses y castellanos
en el siglo XIII.
5.
Idiolecto extremeño
La libertad de expresión de cada persona se halla limitada
en la familia por las otras personas que la componen. En cada
familia se forma un lenguaje propio, el cual tiene ciertas palabras
y expresiones que se suprimen al comunicarse con individuos de
otras familias, y así se van constituyendo maneras de hablar
que vienen a ser los dialectos. Las nuevas generaciones inventan
palabras y expresiones nuevas. Nosotros mismos, en reuniones familiares
e íntimas, no hablamos de igual manera que cuando tenemos
que hablar en público: privadamente, utilizamos, por norma
general, el dialecto; públicamente, la lengua oficial.
La forma de expresión dialéctica de cada cual, nos
revela estilos diferentes y sensaciones distintas en cada persona.
Así ocurre que, dentro de una misma comunidad, surgen a
veces determinados individuos que emplean expresiones o hábitos
diferentes en su forma de hablar que no son compartidos por los
demás miembros de esa comunidad. A esa variedad, en cuanto
a la forma dialéctica individual de una persona en particular,
es a lo que llamamos IDIOLECTO, una modalidad lingüística
poco representativa, aunque digna de un estudio morfológico,
e incluso sociológico más detallado, especialmente
en determinadas zonas de la Alta Extremadura.
Por
otro lado, quisiera hacer una breve referencia al vocablo cahtúo,
con el que algunos, no nacidos en Extremadura, pretenden identificar,
no sólo al habla extremeña, sino a todos los nacidos
en nuestra tierra. Yo, personalmente, renuncio a que el habla
de mi pueblo se identifique con esta voz, derivada, según
la Real Academia de casta, ascendencia o linaje, como “mantenedor
de la casta de labradores que cultivaron por sí mismos
sus propias tierras”.
“Qu’ehtoh ombreh son loh machoh d’una raza
de cahtúoh labraoreh ehtremeñoh
que, ihnoranteh de lah cenciah de loh sabioh,
lah hondurah de otrah cenciah dehcurrieron
cabilandu trah lah yuntah
en la pah de loh barbechoh”. (Consejos del tío Perico)
Humildemente
me atrevo a pensar que ese gran escritor y poeta que fue, y seguirá
siéndolo en el recuerdo de todos los extremeños,
Luis Chamizo Triguero, jamás llegaría a imaginar
y menos pretender que su innovador vocablo llegase a ser la definición
por excelencia del habla o de las gentes de Extremadura. Pienso
también que, posiblemente otros, por no saber cómo
definir nuestro dialecto y debido al éxito obtenido por
Chamizo en 1921 con la publicación de su libro, emplearon
este vocablo para identificar de alguna manera nuestra forma de
hablar.
6.
Orígenes del habla serradillana y dialectología
popular
Dicho lo anterior, voy a entrar en materia en lo que al título
de mi intervención se refiere, es decir a la Dialectología
Popular Serradillana, a través de esas vivencias personales
a las que al principio me referí. Vivencias de contenido
más humano, menos tecnicista, y más cercano al ciudadano
de a pié, en el que cuentan sus sentimientos, sus tradiciones,
su vida sencilla en general.
La manera práctica de expresar oralmente nuestro dialecto,
la hemos estudiado los extremeños en la escuela de la vida,
la que desde que nacimos hemos mamado y aprendido de nuestros
padres, nuestras familias, nuestros amigos, de nuestra gente.
Esta experiencia vital es la que nos da a todos, el sello de autenticidad
al expresarnos en nuestro dialecto y especialmente, permítanme,
a quienes nacimos en pueblos de tan acusada e intensa trayectoria
dialéctica. Hemos podido comprobar en numerosas ocasiones,
cómo otros, no nativos, han pretendido emular el habla
de Serradilla, por ejemplo con la palabra cabeza, cuya b, bilabial,
oclusiva y sonora, es muy significativa en su pronunciación,
pero que los imitadores resaltan exageradamente pronunciando cambeza,
y culminando en un clamoroso ridículo fonético.
En este sentido, quisiera contarles a todos ustedes cuales fueron
los orígenes de mi atracción por el tema de nuestra
forma de hablar en Serradilla. Comenzó este interés
hace ya 40 años, concretamente, en 1964, siendo yo un joven
estudiante de bachillerato. Un año antes, mis padres, a
la muerte de un familiar, se hicieron cargo de un pequeño
bar en Serradilla, y esta fue mi segunda escuela dialéctica.
Al ser un bar reducido, con una clientela muy especial, formada
por hombres mayores, algunos octogenarios, como el entonces Juez
de Paz, para quienes su única diversión consistía
en conversar durante un par de horas con amigos o paisanos, frente
a un vaso de vino, al calor del brasero de picón en las
largas noches de invierno, entablándose entre ellos interesantes
tertulias, a veces alegres y animadas, y acaloradas e incluso
enfrentadas otras, referentes siempre a temas muy dispares y de
poca enjundia la mayoría de las veces.
Yo les escuchaba, entre indiferente y perplejo por las palabras
tan inusuales y desconocidas que a veces profería alguno
de los más viejos. Palabras que, siendo yo del mismo pueblo
que ellos, nunca había oído antes. Tiempo después,
dándome cuenta de que no se trataba de expresiones puramente
casuales u ocasionales, sino que habían otras muchas que
cada día me sorprendían y me llamaban la atención,
decidí anotar en una libreta, que aún conservo,
todos aquellos vocablos que no conociese y hacer un pequeño
vocabulario, tal vez para sorprender a algunos amigos estudiantes
como yo. Recuerdo que las primeras palabras anotadas en aquella
libreta de pastas negras de hule, fueron: machimorreal, machimorreu,
machimorru, la henara y angulema. Hoy, el Diccionario Serradillano
define al machimorru, en su primera acepción, como una
persona adicta al machimorreu, es decir, a tener trato o vida
social, manteniendo una charla o conversación amistosa
e intranscendente, por lo general en lugares públicos.
Esto era lo que hacían aquellos hombres en esos momentos
de tertulia: machimorrear. Sin embargo, otra acepción define
al machimorru, como persona tosca, tozuda y cabezota.
En cambio, la palabra henara, se refiere a la propia novia o esposa,
hoy amiga o pareja sentimental. No es palabra despectiva. Boy
al cini con la mi henara, dicho incluso con cierto matiz orgulloso.
Por último, angulemah son zalamerías, pretextos,
tonterías, enredos. Déhami de angulemah o, no me
bengah con angulemah. Se atribuye esta palabra en alusión
al Duque de Angulema y a su venida a España al frente de
los Cien Mil hijos de San Luis, para ayudar a los absolutistas,
volviéndose luego contra ellos, pasándose a las
filas liberales. Con estas frases se quiere indicar las contradicciones,
engaños o enredos en que incurren algunas personas. Así
podría continuar con otras muchas de aquellas primeras
palabras anotadas en mi libreta de pastas negras de hule.
Pero, volviendo al relato diré que, en aproximadamente
tres años anotando palabras desconocidas o de significado
dudoso para mí, llegué a conseguir casi doscientas,
las cuales yo consideraba que eran muchas. Con ellas, les confieso
con cierta timidez, no exenta de pudor, escribí algunas,
no muy afortunadas frases de amor propias de la edad, pero dirigidas
a quien, al parecer, no supo interpretarlas o no compartía
el entusiasmo casi espiritual que yo sentía y como indudablemente
era mi sana intención. Ante este y otros fracasados intentos
de demostrar la pureza y la riqueza expresiva de nuestro antiquísimo
dialecto en el entorno familiar y de amistades, así como
a la falta de interés y casi de desprecio de la mayoría
con quienes trataba este tema, comprendí que lo mejor para
mí era olvidarme de pretender dar lecciones a nadie de
filología o dialectología serradillana, decidiendo
continuar con el tema, eso sí, pero con humildad y casi
en secreto, sin comentarios ni pretensiones que fueran más
allá de mis límites y capacidades intelectuales.
Y así pasaron unos años, aumentando mis apuntes,
con la esperanza de que algún día servirían
para algo más que para hacer chascarrillos sobre lo mal
que hablamos los serradillanos o de la vergüenza que nos
producía cuando, en presencia de personas, más o
menos intelectuales o naturales de otras bienhabladas regiones,
se nos escapaba alguna de nuestras “rudas”, “palurdas”
o ignorantes palabras, porque, con ellas, éramos catalogados
como tales.
7.
Serradilla y el Diccionario de la Real Academia de la Lengua
Una vez terminados mis estudios de Magisterio, en mis clases de
prácticas pedagógicas en el Colegio Público
“Ángel Rodríguez Álvarez” de
Serradilla, tuve el honor de tratar con quienes, unos años
antes, habían sido mis propios maestros durante la Enseñanza
Primaria. Hombres inteligentes, cultos y preocupados, como nosotros,
por esto mismo de lo que estamos tratando aquí y ahora:
nuestra habla o nuestra forma de hablar. En este sentido, supe
que uno de aquellos maestros, D. Luis Sánchez Rodrigo,
había coleccionado una serie de, aproximadamente, mil palabras
de “arraigadas raíces serradillanas”, decía
él. Pero, el caso es que el señor Sánchez
Rodrigo, tuvo la genial idea de enviar, a principios de la década
de los años cincuenta, esta colección de palabras
a la Real Academia Española de la Lengua, obteniendo, en
poco tiempo, una respuesta positiva y satisfactoria a su interés,
siendo recompensado o gratificado con una cantidad de dinero en
metálico, muy jugosa por cierto, en aquellos tiempos, ya
que muchas de aquellas palabras serían incorporadas en
sucesivas ediciones al Diccionario de la RAE. Pero es que, además,
muchos años antes, el padre de este maestro, D. Agustín
Sánchez Rodrigo, conocido en Extremadura por ser el editor
del método de lectura y escritura RAYAS y el director del
periódico El Cronista durante 17 años, mantuvo fluida
correspondencia con D. Ramón Menéndez Pidal, enviándole
palabras serradillanas que el gran filólogo incorporó
al Diccionario de la Real Academia.
Estas
noticias, me devolvieron la ilusión y el interés
por los dichos o tal vez dicharachos de mi pueblo; ilusión
e interés que, si no estaban perdidos, al menos sí
un poco degradados. Supe entonces que Serradilla, mi pueblo, es
copartícipe del Diccionario de la Lengua que nos une a
todos los españoles de bien, lo cual me llenó, una
vez más, de orgullo y satisfacción serradillanos.
Fue
a uno de aquellos maestros a quien escuché por primera
vez una anécdota muy conocida hoy por todos los serradillanos,
pero que muchos de ustedes tal vez no conozcan, por lo que quisiera
contársela. Una criada, hoy empleada de hogar en una de
las muchas casas de familias ricas de entonces en este pueblo,
decía a otra compañera, queriéndole corregir
al oirla hablar:
-¿Sabih lo que idi el ama? –No, ¿qué
idi?. – Idi el ama que no se idi, idi. -¿Poh cómu
se idi?. – Ella idi que se idi, DICE.
8.
La emigración y el habla popular
Pasaron varios años y, como tantos otros extremeños,
emigré a otras tierras, aterrizando en la capital de España,
para trabajar como maestro interino en un colegio hasta que se
convocasen las oposiciones. Durante mi estancia en Madrid, siempre
viví en casa de serradillanos, o mejor dicho: de una señora
serradillana, viuda, de avanzada edad, que fue, otra fuente de
inspiración para mis apuntes, por lo que mi contacto con
el habla de mi pueblo continuó presente en cada instante
de mi vida.
No se me olvidarán aquellos primeros domingos de mes en
que, numerosos serradillanos residentes ya en la capital de España,
nos reuníamos en el templo de San Millán y San Cayetano,
en la calle de Embajadores, en pleno rastro de Madrid, donde reside
la Hermandad Extremeña del Cristo de Serradilla, en cuyas
charlas, llenas de recuerdos y emociones hacia la patria chica,
se exhibía el más puro y rudimentario dialecto serradillano,
como si quisiéramos descargar entre nosotros, toda la emoción
dialéctica retenida en nuestro ser durante el tiempo en
que nos encontrábamos, por razones sociales o de trabajo,
con gente que no era de nuestra estirpe y raigambre extremeña.
Estos domingos de primeros de mes, fueron un acicate más
de emoción y cultura dialectal. Todo giraba, prácticamente,
en torno al habla serradillana, de la que, en determinados momentos,
hubiésemos querido renunciar para siempre. Sin embargo,
otras veces, en momentos íntimos o de reuniones en lugares
tan emblemáticos como los Hogares Extremeños o Casas
Regionales de Madrid, Móstoles, Alcorcón, Leganés,
Getafe, Alcalá de Henares, Fuenlabrada, etc. a los que
hemos visitado con cierta frecuencia, nos servía de vínculo
de unión y de amistad con otros paisanos de diferentes
puntos de nuestra geografía extremeña, pero comprometidos
y entregados, como tantos otros, en la defensa de nuestros valores
extremeños. ¡Con qué emoción se vive
la extremeñidad en estos centros! ¡Hay que vivirlo
para saberlo!
9.
Etimología y origen del habla de Serradilla
Como norma general, en el dialecto serradillano se observa una
clara tendencia de leonesismo, especialmente en el cierre sistemático
de las vocales O > U, E > I, como hormadu, turrumberu, ehpuliqui
o achiperri; en el cambio de la “r” final de los infinitivos
en “l”, como cantal, sabel o dormil, en la desaparición
de la “d” intervocálica, como caena, caera
o co (por codo), o en la aspiración de la h en todas sus
formas y modalidades, como humentu, harina, hanega, huenti o haramagu,
además de los famosos cambios de grupos consonánticos,
como bimbri mimbre), cuairil (cuadril), lambel (lamer), y tantos
otros que continuamente se nos ponen de ejemplo en casi todos
los tratados dialectales extremeños, o en los numerosos
diminutivos en inu o ininu, como cachinu y cachininu, o poquinu
y poquininu, chiquinu y chiquininu y otros muchos.
Entre las diferentes leyes de la fonética que anuncian
regularidades en los cambios de pronunciación, tal vez
sea la “del menor esfuerzo” o tendencia a economizar
el lenguaje, que relaja, desgasta o pierde sonidos, la que con
mayor claridad pueda aplicarse al habla de Serradilla, aunque
sin desdeñar otros casos de otras leyes, como la del “énfasis”,
“analogía”, “imitación”
e incluso los numerosos vicios lingüísticos o fenómenos
fonéticos por adición o inducción que todos
conocemos, tales como la “prótesis”, la “aféresis”,
la “epéntesis”, la “metátesis”
o el “pleonasmo”, que tanto nos identifican en nuestra
forma de hablar y que son aplicables todos al habla de Serradilla,
como sin duda lo es también el “idiotismo”,
o expresión propia de una lengua, a pesar de ser contraria
a las reglas gramaticales.
No
es de extrañar, por tanto, que algunos serradillanos, como
el maestro José María Vecino se preguntara, hace
casi un siglo, en el periódico El Cronista de Serradilla,
en un artículo titulado Divagaciones filológicas,
del que ya hice una brevísima referencia en el congreso
de Calzadilla y del que hoy expongo nuevos conceptos por creerlo
interesante, sobre nuestra forma de hablar.
¿Por
qué se habla en Serradilla como se habla? Es una larga
y compleja cuestión. El léxico de un pueblo es un
producto inmediatamente derivado de su etnografía, de su
historia y de su geografía. En Serradilla se habla así,
porque la historia y la geografía de Serradilla así
se lo impusieron.
Tengamos en cuenta que este pueblo ha sido un retazo de tierra
perfectamente aislado del resto de Extremadura. El ángulo
que forman la sierra y el río, con el vértice en
la Portilla (de Monfragüe), encierra en su seno al pueblo:
y este ángulo está formado por lados intransitables.
(Sierra de Santa Catalina- Sierra de Peña Falcón
y el río Tajo).
La abertura de este ángulo está cortada -ya lejos
de Serradilla- por la antigua Vía de la Plata, cauce por
el que discurrieron todas las civilizaciones de la Península.
Pero la topografía especial de Serradilla impidió
que las corrientes civilizadoras llegasen con regularidad hasta
nuestro pueblo, que quedaba allá, hacia el Oriente, aislado
entre fragosas sierras y formidables barrancos que se hunden hacia
el río...
Este aislamiento ha ido formando una psicología especial
en este pueblo: el habla, las costumbres, los vestidos. Por causas
de las dificultades para las comunicaciones, todos los grandes
movimientos llegaban a Serradilla con un retraso lamentable; y
como los pequeños movimientos no llegaban jamás,
de ahí que en Serradilla subsistan, desgraciadamente cada
vez menos, costumbres, expresiones e indumentos de hace muchísimos
años.
Ahora bien: ¿Cómo llegó a Serradilla la influencia
gallega para depositar en este pueblo unas cuantas palabras de
arraigado "enyebrismo", de pura cepa gallega? ¿Llegó
esa influencia directamente del Norte, o fue transmitida por intermedio
de los portugueses?
Pudo ser de cualquiera de los dos medios. Nadie ignora que en
tiempos del Rey Sabio (1.221-1.284), el galaico era la lengua
más extendida en todo el Oeste de la Península,
era la lengua de las trovas y de toda expresión poética
y delicada.
No sería raro que a Serradilla llegaran y que en Serradilla
-por causa del aislamiento señalado-, subsistieran hasta
hoy muchas palabras de aquella habla tan antigua y tan dulce.
Por otra parte, nadie ignora tampoco que la influencia de los
portugueses se infiltró -hasta la segunda mitad del siglo
XIX- en Serradilla por mediación de los contrabandistas,
los eternos trotaveredas, que buscan las reconditeces y los recovecos
más olvidados para seguridad de sus personas y sus "negocios".
¿Serían los contrabandistas los que, traficando
con sedas, especias y paños, depositaron en este pueblo
estas palabras del idioma gallego?.
Se podría argüir que en todos los pueblos de los alrededores
de Serradilla dejarían también las mismas huellas
lingüísticas. Es cierto; pero los demás pueblos,
por no estar aislados, olvidarían los viejos vocablos al
contacto de palabras nuevas. Mas, Serradilla, no.
Algunas
de esas palabras empleadas en mi pueblo y que, según el
maestro parecen ser originarias del gallego, son las siguientes:
PINGURUTU o PIRINGUTU: m. Montículo que termina en pico.
2. Montón de tierra, arena u otros materiales apilados
en forma de montículo, y por ext. todo lo que termina en
forma parecida a un cono o a una pirámide. (RAE: pingorota
o pingorote).
PINGOLLA: f. Parte más alta de un árbol, o puntas
extremas de las ramas. Subí casi ahta la pingolla del árbul.
Además de otras muchas como “casiqué”,
“al renti”, “belaí”, “gañoti”,
“probi”, “pihoteru”, “rachau”,
“rollu”, etc. cuyas definiciones harían demasiado
extensa mi intervención.
10.
Poesía popular serradillana
Por otra parte, sabido es también que Serradilla ha sido
y es, un pueblo de excelentes poetas, como ya he dado a conocer
en otra ocasión. Nombres como Manuel Fernández (canónigo
en Guayaquil), Bernardino Sánchez (abogado y vicepresidente
de la Diputación de Cáceres), Miguel Mateos (juez
de Plasencia), Celestino Vega (médico en D. Benito) y otros
muchos, así lo acreditan con sus trabajos. Sin embargo,
no todos los poetas de este pueblo han escrito sus poesías
en dialecto serradillano. Únicamente, José María
Vecino y Gonzalo Alonso, han sabido plasmar el sentimiento y los
anhelos de la gente del pueblo, en sus bellas y sentidas poesías
plagadas, a veces, de palabras rudas, desafiantes y despectivas,
pero delicadas, tiernas y cadenciosas otras. De ello quisiera
hablarles brevemente, porque, en mi opinión, no se concibe
una lengua o un dialecto sin poesía.
Con nuestro dialecto, extremeño o serradillano, es posible
expresar los más íntimos sentimientos con palabras
que nada tienen que envidiar a otras lenguas o culturas, como
ya demostraran ampliamente Galán y Chamizo. Con nuestras
palabras, no sólo podemos cantar al amor o al desamor,
a nuestras tradiciones, a nuestros paisajes, a nuestras costumbres,
sino que, además, con ellas le damos un sentido más
romántico, más tierno, más sentimental, más
dulce y también, a veces, más trágico. Veamos
un ejemplo de lo que decimos, a través de una bella poesía
amorosa de José María Vecino titulada “Me
dejas”. Dice así.
Me dehah...
Poquinu
a poquinu
sin motibu me dehah, me dehah...
Cuandu
bengu de nochi a la ronda,
cassi nunca t’encuentru contenta;
si te palru dehechu en quererih,
tú m’ehcuchah sin pihca e fiheda,
y eh lo mehmu que si ablu del tiempu
o de cossah que no te interesan...
Me tieni aturdíu
esi ceñu qu’el alma me hiela...
Pol
lah nochih, tendíu en la cama,
de continu rebacu en la idea
de qu’algún otru mozu te guhti,
de qu’algún otru mozu te quiera.
Yo
bien sé lo que palra la henti,
y barruntu que a tí no te dehan
d’atontal los oíuh con mentirah
y enreuh de biehah...
¡Que me digan a mí, en la mí cara,
toah esah leyendah!
¡Que me diga a mí sólu esah cossah
el que lah imbenta...!
Peru nunca s’atrebi el que mienti
a palral altu y claru y con fuerza,
que s’ehponi a que un puñu l’ehcachi
toítah lah muelah...
¡Ni
a soñal que me ubiera yo echau,
en hamáh esu en ti lo creyera...!
Peru mira, te dig’una cossa:
si acasu tubierah
de mi algún recelu,
una pihca e motibu siquiera,
si acassu ehconfíah,
si acassu creyerah
qu’algún día tendríah sinsaborih
bibiendu conmigu...¡m’abientah...!
¡Ahora
mehmitu,
aunque muertu, me marchu p’ahuera!
Pa que bibah contenta y dichossa,
soy capáh de metelmi en la sierra
y allí, entre loh canchuh,
yo solitu lloral lah mih penah
y pasalmi la bía com’ún lobu
sin que ohuh de naidi me bean...
Dimi
¡Baiti aora mehmu!, y me marchu,
o aora mehmu me idih ¡te queah...!
Que me tieni aturdíu y atontau
esi ceñu qu’el alma me hiela,
porque beu que, poquinu a poquinu,
sin motibu, me dehah... me dehah... (José María
Vecino Martín)
11. Conclusión
Dicho lo anterior, quisiera terminar expresando un deseo que desde
hace tiempo ocupa un destacado lugar en mi mente y aunque es posible
que esta propuesta esté ya en marcha a través de
otras mentes más autorizadas, no me resisto a exponer la
mía: esta es, que hagamos todos el mayor esfuerzo intelectual
para unificar, dentro de lo posible, el habla de nuestra tierra.
Que estos actos, muy importantes y necesarios, no queden sólo
en una exposición de opiniones, sino que sirvan para unificar
esfuerzos y dar solución a la unificación de nuestro
dialecto. Sé muy bien que no es tarea fácil, por
las razones ya expuestas sobre la variedad y diversidad, tanto
en el fondo como en la forma del habla de los diferentes pueblos
de nuestra geografía, lo que tampoco debe ser obstáculo
para realizar el proyecto del futuro y definitivo Diccionario
Extremeño en el que se engloben, si no todos, la mayor
parte de los vocablos y significados de los pueblos de Extremadura.
Una vez sentadas las bases, sería mucho más fácil
ir perfeccionando los conceptos, añadir nuevas acepciones
o incluir nuevos vocablos, en sucesivas ediciones.
Quisiera
recordar también, a manera de ejemplo o, si se quiere,
de estímulo para todos nosotros que, hace 25 siglos, los
griegos consiguieron unificar su lengua a partir de diversas variedades
dialécticas, entre las cuales destacaron dialectos como:
el eólico, el jónico, el dórico, el laconio,
el beocio, el ático y otros, lo que se explica por la gran
extensión del territorio donde Grecia ejercía sus
dominios. Recordemos también que en esos dialectos escribieron
sus maravillosas obras, tanto en prosa como en versos, autores
como Homero, Hesíodo, Sófocles, Eurípides,
Aristófanes, Platón, Demóstenes y Esquilo
entre otros muchos. La unión de estos dialectos dio lugar
a una sola lengua: el griego, la lengua clásica, culta
y universal por excelencia.
Esta
debería ser la hora, si no lo ha sido ya, de demostrar
a todos y demostrarnos a nosotros mismos, que los muy cacareados
versos de Sergio de Salas con los cuales, para nada nos identificamos
los extremeños de nuestro tiempo, han quedado obsoletos
y desfasados, pues el espíritu que hoy domina a los extremeños
es el de la unidad, el de tomar partido en aquello que nos une
en la defensa de nuestra cultura y nuestras tradiciones, como
estamos demostrando aquí una vez más, ignorando
toda clase de pereza intelectual para conseguir, entre todos,
un desarrollo cultural más amplio para nuestra tierra en
el campo dialectal.
Hagamos
también nosotros nuestra propia Coiné o, como dice
la Real Academia, nuestra lengua común basada en la reducción
a unidad, más o menos artificial de ciertas variedades
idiomáticas. Formemos entre todos una nueva Coiné,
la Coiné extremeña, como la que formasen los griegos
hace 25 siglos y que dio origen, como ya he dicho, a la más
grande de las lenguas clásicas de la antigüedad y
por ende, a la inigualable cultura griega.
Salvando
todas las distancias y sin pretensiones que a algunos puedan parecer
utópicas, la realidad es que, en mi opinión, no
es un disparate pensar en recoger lo más sustancial y representativo
de nuestro vocabulario, para conseguir, como ya dije, de una vez
por todas, Limpiar, Fijar y dar Esplendor a nuestra habla. Ojalá
que algún día podamos conocer el verdadero, el auténtico
el genuino y definitivo Diccionario Extremeño, el de todos
los pueblos de nuestra Comunidad, con sus diferencias y sus afinidades
lingüísticas.
En
este sentido, tengo el honor de anunciar que, Serradilla, mi pueblo,
tiene ya hechos sus deberes, con la realización del Diccionario
Serradillano.
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